EL MUNDO DE LA CALLE
La noche caía sobre la ciudad. A sus cortas edades apenas habían salido nunca por las zonas de bares. Eran cuatro adolescentes que no conocían el peligro de la noche en las grandes ciudades. Eran presa fácil para cualquier depredador que estuviese esperando alguien a quien robar o con quien divertirse. Los cuatro muchachos no parecían ser conscientes de ello. Se sentían muy capaces, como uno se siente a esa edad, creyendo ser hombre cuando se es niño, esa edad de reveldía, de intentar romper con la niñez, de creer saberlo todo cuando todos los días de la vida del anciano más longevo son insuficientes para adquirir tal conocimiento.
Allí estaban andando por la calle de bar en bar. En uno de los tramos del camino, pararon al lado de la puerta de un garaje para fumarse un cigarrillo antes de entrar a otro garito. Un joven alto y fuerte se plantó ante ellos con una sonrisa en la boca, desafiante y con cierto aire irónico.
- ¿Me dais un cigarrillo?
Todos quedaron admirados. Ninguno de ellos se atrevió a decirle que no y el propio joven agarró la cajetilla de tabaco sacando un pitillo y guardandose el resto de la caja en el bolsillo. Sacó un mechero y prendió fuego al cigarrillo que había introducido en su boca. Los observaba mientras permanecían inmobiles. Los chicos eran jovenes y tal vez entre los cuatro podrían enfrentarle, pero estaban inseguros, no se sentían capacitados para levantar la voz. Tenía cada uno de ellos miedo de tomar inicitiva por miedo a que los demás no le siguiesen a la hora de enfrentarlo. El joven se frotaba las manos, les iba a sacar hasta el último centimo que hubiese en sus bolsillos.
De repente otro joven se acercó. Cabellera rubia con pelo rizado se dirigía hacia el lugar. La cara de uno de esos muchachos se iluminó de repente. Conocía a esa persona, conocía esa cabellera. Los demás no entendían que pasaba, peró él suspiraba.
-¿Pasa algo aquí?
El joven que asaltó a los muchachos cambió la cara en un momento. Había surgido un imprevisto y no contaba con eso. El muchacho de la cabellera rubia era de su edad, y no solo eso, pasos más atrás también estaban los amigos de este. Se pusó pálido y dijo con un hilo de voz:
-Nada
-¿Pasa algo primo? -dijo el joven de cabellera rubia dirigiendose a uno de los muchachos.
Aquel muchacho adolescente ahora estaba convencido de que ese asaltante recibiría su merecido. Su primo le haría pagar ese mal rato, ese sufrimiento. Estaba espectante por ver la paliza descomunal que le propinarían su primo y los amigos de este por haberse metido con ellos.
- Primo, vete a ese bar, después iré a buscarte para llevarte a casa. Y tu- dijo dirigiendose al joven asaltante- vendrás con nosotros. Vamos a tomar unas cervezas. Te invito.
La cara de todos quedó perpleja. En especial, la del joven asaltante y la del primo del que había pronunciado esas palabras. Ambos esperaban un resultado diferente.
Pasó un rato, y el chico de melena rubia fue a buscar a su primo. Mientras se dirigían al autobús este le preguntaba.
-¿Por qué hiciste eso?
El le miró con ternura y le contestó.
-Toma el paquete de tabaco, aunque aún no se si es tuyo. Hice esto porque la venganza no sirve para nada. Posiblemente si le hubiera pegado un paliza, otro día que me encontrase con sus amigos y él solo por la calle, él me la devolvería. Así él ha adquirido conciencia. No solo me devolvió el paquete mientras nos tomabamos unas cervezas, sino que también se impresionó de este acto de perdón y de nobleza. Es la única forma de que él piense sobre loque hizo.Ese es el único camino por el que puede hacerlo y estoy seguro de que este momento le marcará para siempre. Él ha visto a personas responderle sin odio y sabe valorarlo. Estoy seguro de que ha sido lo mejor para todos.
El autobús abrió sus puertas y entraron. Estaban deseosos de llegar al calor de sus camas.


bree dijo
¡Vaya!...la historía fantástica...hasta los veía entrar en un sitio y en otro...genial.
besitos de mil colores
14 Abril 2007 | 01:13 PM